
Como la mayoría de los municipios de la isla, éste también extiende sus dominios de cumbre a costa pasando por fértiles tierras de medianías y en el ámbito de cada zona desarrolla una gastronomía adecuada al entorno. En las tierras altas, Fontanales es un núcleo de población en el que se practica una agricultura y una ganadería que dan entidad al lugar. En los restaurantes que por aquí sirven humeantes platos a residentes y visitantes, destacan los potajes, en los que el ñame no suele faltar entre sus variados ingredientes, y las carnes con jugosas y condimentadas salsas, especialmente de cabra y vacuno. De los abundantes ganados que se crían en los alrededores, también hay otro producto muy frecuente y variado: el queso.
En el extremo opuesto, la costa se ha especializado en restaurantes que tienen en el pescado su principal atractivo.
La carretera que comunica los distintos municipios del norte es el eje de esta otra oferta gastronómica que tiene, en lo que a Moya se refiere, dos nombres clave: El Pagador y El Roque, dos barrios en una confluencia de caminos de donde parte la vía al borde del mar que comunica con San Felipe.
La silueta de las casas de El Roque, un gran peñón sobre el que se aprietan las paredes de las viviendas, dejando apenas espacio para transitar a unos callejones tan sinuosos como llamativos, es la referencia visual que destaca de este conjunto.
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